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Sé mi pareja

Cupido está siempre ocupado el 14 de febrero. ¿Por qué? ¡Porque es el día de San Valentín, el día que celebramos el amor! La gente demuestra su amor enviando cartas, rosas y chocolate. Las parejas comen y bailan juntos, y los solteros ven Titanic, solos. Sin embargo, no todos los días de San Valentín son lo mismo, y bajo todos esos corazones y rosas subyace un complejo sistema de normas y valores sociales.

Los orígenes del día de San Valentín son un enigma. Hay tres señores que podrían ser San Valentín. Este día especial se remonta, supuestamente, a la Italia del siglo III, donde un cura de Roma oficiaba bodas privadas para los soldados. En esos tiempos, el emperador Claudio II declaraba que los hombres solteros eran mejores guerreros (probablemente porque aquellos que tenían una relación preferían quedarse en casa con sus parejas). Es en este punto en el que la historia ya no está tan clara. Algunos dicen que Valentín, antes de ser ejecutado, consiguió enviarle una nota a su novia en la que podía leerse “De tu Valentín”. Otras fuentes dicen que todo ocurrió con la hija ciega del carcelero. Sea cual sea su origen, el día de San Valentín moderno es una historia completamente distinta.

La idea occidental de una cita de San Valentín perfecta incluye una cena romántica en la que la pareja intercambia regalos como muestra de su amor. Al final las típicas consisten en comida para llevar o un mensaje de texto con un “te quiero”. ¿Quizás una noche en el cine? Pero si todas las parejas salen y hacen lo mismo, ¿quién es capaz de sentir si el amor está en el aire?

 

Imagen cortesía de GaijinPot.

En Japón, las mujeres regalan chocolate casero a los hombres (una inversión de género con respecto a las costumbres del día de San Valentín en occidente), aunque todo se hace de una forma muy poco romántica. Se le da Giri choco (chocolate por compromiso) a los jefes y básicamente a casi todos los hombres que se cruce una mujer. En los últimos años algunas empresas han prohibido el giri choco porque puede desembocar en acoso de forma muy rápida.

El 14 de marzo se devuelve el favor en el White Day. Los hombres regalan nubes de gominola blancas, tartas o regalos a las mujeres que les regalaron chocolate el mes pasado. Los regalos del White Day deberían ser más caros, y acaba siendo un día estresante para todos los implicados. Los hombres tienen que pensar en qué regalar, y las mujeres tienen que lidiar con la incomodidad de recibir un regalo caro de alguien con el que apenas hablan. El acto se diluye rápidamente en algo meramente transaccional: me diste A, por lo que yo debo darte B. ¡No hay nada romántico ahí! Como resultado, el día de San Valentín y el White Day en Japón son cada vez más impopulares por el coste y la evolución de las dinámicas de género.

A la cabeza de todo este incómodo y obligatorio intercambio de golosinas tenemos la asignación de los tradicionales estereotipos de género y orientación sexual. A las mujeres se las educa para esperar el romance, y consumen un determinado contenido pensando que es una representación real. Los manga de temática shōjo y los ASMR sobre novios hacen que las mujeres ansíen una conexión romántica, ya sea real o fantástica. La lectora puede vivir a través de otra persona, enamorarse del papel romántico sin tener que preocuparse de los aspectos negativos del amor, como el sufrimiento y la decepción.

“¿Por qué enseñamos a las chicas a aspirar al matrimonio
pero no hacemos lo mismo con los chicos?”

A las mujeres también se las educa para aspirar al matrimonio. La premiada autora Chimamanda Ngozi Adichie se pregunta: “¿Por qué enseñamos a las chicas a aspirar al matrimonio pero no hacemos lo mismo con los chicos?” El grupo TLC hizo que subiéramos el estándar de nuestro chico ideal con su himno “No Scrubs”, la canción “No Boyfriend” de FEMM hace que queramos cantar en un karaoke con nuestros geniales amigos solteros, y “Single Ladies” de Beyoncé ha empoderado tanto a la mujer que formará parte de la historia de la cultura pop para siempre.

Los hombres también tienen que asumir su propia carga. Los estereotipos de género dictan que es el hombre el responsable del romance. ¿Cuándo habéis visto a una chica comprando rosas para su novio?

Lo peor es que los negocios hacen que las parejas se sientan obligadas a gastar más dinero del que pueden. Los departamentos de marketing lo saben, y apelan justamente a eso. Normalmente, los anuncios se identifican más con un género u otro en las semanas que preceden al día de San Valentín. Las perfumerías se anuncian con eslóganes como “Ella te amará para siempre”. El precio de los bombones y las flores se dispara para convencer a las parejas más ahorrativas de celebrarlo un día más tarde para regalarse chocolates rebajados y disfrutar de una comida romántica sin grandes aglomeraciones. Las empresas de tarjetas se esmeran tanto con el marketing de San Valentín que lo damos por hecho, no nos lo pensamos dos veces. Los regalos acaban siendo la única forma de probar vuestro eterno amor.

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Así que, cuando acaba el 14 de febrero y ya habéis acabado de comer, bailar, enviar tarjetas y regalar rosas, las grandes compañías ya están pensando en el año que viene. Un día que comenzó como algo inocuo ha mutado en un monstruo de amor suave y rosa. Muchos de nosotros lo aceptamos sin pensar, pero quizá deberíamos pensar en el próximo día de San Valentín como una oportunidad de reconsiderar lo que estamos haciendo.

 

Escrito por Ash, traducido por Úrsula.
Imagen destacada cortesía de Britannica.

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